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Presentación de Lostología en Buenos Aires – Alejandro Piscitelli
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Gacetilla de prensa del lanzamiento de Lostología en Buenos Aires
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La institucionalización de los spoilers
Las alarmas suenan en Internet. Como si fueran minas informativas desparramadas y ocultas bajo tierra, están ahí, en todos lados, a la vuelta de la esquina (virtual), a solo un click de distancia, esperando o bien para regodear al ansioso o bien para aguar la sorpresa del espectador naíf, que no sabe que a veces leer de más, caer en el sitio equivocado, le puede costar caro.
Así son los spoilers: ambivalentes, maliciosos y seductores al mismo tiempo, adictivos e insidiosos. Se caracterizan por estar rodeados por el aura de lo prohibido y tienen el atractivo de un placer culposo. Al fin y al cabo, cápsulas informativas sin una traducción certera capaz de transmitir toda su carga significativa –hay que admitirlo, palabras como arruinadores,aguafiestas o incluso destripacuentos no les hacen ninguna justicia–, no obligan (más bien invitan a ser leídos) a que un lector o espectador compulsivo y ansioso, incapaz de esperar a terminar un libro o a ver toda una película o capítulo de una serie, se entere antes que nadie de ese detalle crucial, aquel giro argumental tan pensado por escritores y guionistas que le da a un texto (literario o audiovisual) su cuota de sorpresa, originalidad y sentido: desde la identidad de un personaje (el más común, «el asesino es el mayordomo») a la muerte de tal o cual protagonista y la revelación de demás elementos que cambian la percepción de una narración.
Hay spoilers de todo tipo. Por ejemplo, están los literarios, que acecharon a ciertos libros, anticipando los finales sobre todo de best sellers y ufanándose de saber (y contar) de qué modo terminan, como la saga de Harry Potter y las últimas novelas de Stephen King, Michael Crichton o Dan Brown. También están los que se esparcieron por el cine; gracias a ellos, muchos se enteraron de que Darth Vader era el padre de Luke Skywalker, de que el planeta de los simios era la Tierra en el futuro o de que Bruce Willis estaba muerto desde el comienzo en Sexto Sentido (Shyamalan, 1999).
Si bien al principio, en los años sesenta, con el auge de las películas hitchcokeanas en las que se comenzó a instaurar la costumbre de incorporar en la trama un giro importante (o twist) –Psicosis (1960), Los pájaros (1963)–, el spoiler era netamente oral y su medio de viralidad podía hallarse en la cola del cine o en las reuniones de amigos, con el correr de los años se fue asentando textualmente. Se recopilaron, indexaron, catalogaron y con el despertar de Internet finalmente encontraron su lugar, el ecosistema informativo donde aguijonear.
Primos no tan lejanos del rumor, los spoilers echaron a correr en la década de 1990 a la misma velocidad que la ola informativa iba tomando fuerza. De repente, los diques se resquebrajaron y comenzó la inundación de datos, noticias, ideas, comentarios y demás informaciones que de un día para el otro pasaron de la escasez a la abundancia. En un abrir y cerrar de ojos, un aluvión llamado Internet avanzó sobre la sociedad global y transformó el hábitat, la sensibilidad moderna y también dio rienda suelta a la expansión del rumor, aquella vieja fuerza corrosiva, tan bien analizada y estudiada por Cass R. Sunstein en su reciente libro Rumores: cómo se difunden falsedades, por qué nos las creemos y qué se puede hacer contra ellas.
Federico Kukso
Extracto de Lostología: estrategias para entrar y salir de la isla, Editorial Cinema, 2011.
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La ciencia en Lost: ¿promesa de explicación o una pieza más del juego?
No importa mucho desde qué ángulo o qué campo se elija como catapulta para zambullirse en esta serie que atrapa, desorienta, confunde y vuelve a atrapar (los guiños y referencias literarias, la filosofía sui géneris, la mirada eternamente conspirativa, la perspectiva religiosa, el atractivo de lo extraño). Con el correr de los capítulos, se consolida una sospecha: para entenderla verdaderamente –lo que se muestra y, también, lo que se oculta–, hay que saber, al menos básicamente, algo de ciencias. En particular, estar empapado de ciertos conceptos, teorías, paradigmas de la física, o sea, una miríada de conocimientos formalizados con los siglos que permiten disfrutar de una manera más completa las dimensiones extra delshow.
Nada en Lost ocurre por casualidad. Y no sorprendió demasiado, entonces, que el libro del astrofísico Stephen Hawking, Breve historia del tiempo, apareciera dos veces en la tercera temporada: en las manos de un «Otro», que lo leía con fruición, y en el dormitorio del personaje-pivote de la serie, Benjamin Linus. Los productores y guionistas algo querían decir. Y lo dijeron.
Mientras que en la mayoría de las series de ciencia ficción las ciencias actúan como maquillaje, un envoltorio de términos para volver verosímil el argumento fantasioso o dramático (la genética en Heroes, la antropología forense en Bones, las ciencias forenses en CSI: Crime Scene Investigation, la matemática en Numb3rs), en Lost constituyen el marco dentro del cual se mueve gran parte del relato, provocando una tensión irresoluble entre dos dimensiones de difícil fusión: el verosímil/real y la fantasía total, esto es, el discurso mítico que terminó por imponerse como el canon, el manual de instrucciones para leer la serie.
Antes del ingreso triunfal de Jacob, antes de la aparición de la estatua de cuatro dedos, de las apariciones fantasmales, de los telares y jeroglíficos egipcios, y demás componentes de una religiosidad new age, todo parecía indicar que, además de considerarlo un drama filosófico, Lost podía ser catalogado como un show científico-ficticio. La razón: el discurso científico impera durante las primeras cinco temporadas como componente básico de la estrategia narrativa. Es también fundamental para la construcción del principal efecto lostianoaquel gancho que atrapa al espectador y lo vuelve un junkie, un adicto: la duda permanente, el no saber qué esperar, el desequilibro y el desconcierto. Al fin y al cabo, angustias varias que, en lugar de incitar a apagar todo y no querer escuchar más sobre la isla, los náufragos, el humo negro y la Iniciativa Dharma, impulsan a que el que está del otro lado de la pantalla invierta fuerzas emocionales, combustible mental y, principalmente, mucho tiempo –bien escaso en esta época de conexión permanente– para querer saber de qué se trata, dejarse envolver y ser seducido y engañado capítulo tras capítulo (como si fuera un conejo persiguiendo una inalcanzable zanahoria) por los devenires de este fenómeno cultural y colectivo de comienzos del siglo XXI, que rompió expectativas, formas de hacer y fórmulas para entretener.
Los guiños científicos están –como cualquier espectador con algún conocimiento lejano de historia de la ciencia habrá advertido– regados por todos lados. Pero es en los nombres de ciertos personajes clave en los que se aprecia el recurso con claridad: Daniel Faraday, el joven físico bautizado en honor a Michael Faraday (1791-1867), uno de los investigadores históricos en electromagnetismo, una de las cuatro fuerzas de la naturaleza; George Minkowski, Oficial de Comunicaciones del carguero que llega a la isla y se vuelve loco por los viajes en el tiempo, comparte el apellido con el matemático Hermann Minkowski (1864-1909), especialista en teoría de números y la Teoría de la Relatividad, y Eloise Hawking, madre de Faraday, definida por Damon Lindelof como una «policía temporal», cuyo apellido hace clara referencia a Stephen Hawking.
También se puede incluir en este grupo a Jack Shephard (neurocirujano), Juliet Burke (especialista en fertilidad), Danielle Rousseau (miembro de una expedición científica francesa), Charlotte Lewis (antropóloga cultural), Zoe (geofísica contratada por Charles Widmore), Leslie Arzt (profesor de ciencias) y miembros de la Iniciativa Dharma, como el doctor Pierre Chang (astrofísico conocido también como Marvin Candle, Mark Wickmund o Edgar Halliwax), el matemático Horace Goodspeed y Stuart Radzinsky.
Incluso hay referencias científicas en el universo lostiano que se expande paralelamente en Internet. Por ejemplo, el misterioso danés Alvar Hanso, que financió la Iniciativa Dharma (fundada por los también científicos Karen y Gerald DeGroot de la Universidad de Michigan, Estados Unidos) y desplegó sobre la isla sus conocidas estaciones (La Hidra, La Flecha, El Cisne, La Llama, La Perla, La Orquídea, El Bastón, El Espejo, La Tempestad y El Poste de Luz, donde se ve un péndulo de Foucault debajo de una iglesia). Y no hay que olvidar la Ecuación Valenzetti, nunca mencionada en la serie, pero bien conocida por los lostianos: un teorema matemático propuesto por Enzo Valenzetti, profesor de la Universidad de Princeton, capaz de predecir la extinción de la especie humana (4 años, 8 meses, 15 días, 16 horas, 23 minutos,42 segundos).
Federico Kukso
Extracto de Lostología: estrategias para entrar y salir de la isla, Editorial Cinema, 2011.
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Narrativa transmediática, estrategias cross-media e hipertelevisión
Dentro de las múltiples posibilidades que ofrece ese monstruo mediático llamado Lost–un texto-Aleph que sirve para reflexionar sobre las nuevas dinámicas de los medios, la religión, la intertextualidad o las fronteras de la ciencia–, en este capítulo se realizará un acercamiento a la isla de J. J. Abrams, Carlton Cuse, Jeffrey Lieber y Damon Lindelof desde la perspectiva de las narrativas transmediáticas. Esta mirada tan específica no evitará el análisis de otros fenómenos contextuales, como pueden ser la simulación de un medio por otro o la expansión narrativa que realizan los prosumidores(consumer + producer= prosumer).
Lost fue emitida por primera vez el 22 de septiembre de 2004 por la cadena ABC. La primera temporada constó de 25 episodios, el primero de ellos doble. La cantidad de episodios fue disminuyendo con el correr de los años (24 en la segunda temporada, 23 en la tercera, 14 en la cuarta, 17 en la quinta y 18 en la sexta y última temporada). Podría decirse que este recorte en la cantidad de capítulos fue recuperado con la creación de contenidos adicionales y experiencias de fruición en otros medios y plataformas.
Las primeras cuatro temporadas se mantuvieron entre las primeras 20 del rankingestadounidense, mientras que las dos últimas se ubicaron en posiciones inferiores. En sus primeras dos temporadas, tuvo algo más de 18 millones de espectadores, cayó a 13 millones en la tercera, a 12 millones en la cuarta y se mantuvo en unos 10 millones de espectadores en las dos últimas. Sin embargo, esta merma en las audiencias no lo dice todo sobre Lost. La serie fue una de las primeras en estar disponible en el iTunes Store para su descarga legal y de pago; por otro lado, los episodios pueden ser vistos con cortes publicitarios en la web de la ABC y en muchos otros sitios de canales televisivos. En diciembre de 2008, la agencia Nielsen indicó que Lost era la serie más vista en la web con 1 425 000 espectadores. Los DVD también tuvieron una muy buena acogida entre los espectadores y alcanzaron elevadas cifras de venta. Obviamente, a estos datos del mercado legal deben sumarse las millones de descargas ilegales a lo largo y ancho del territorio ciberespacial. Así y todo, el mundo de Lostno se acaba en estos productos y subproductos televisivos.
¿Qué entendemos por narrativas transmediáticas (transmedia storytelling)? Según Henry Jenkins, se trata de obras que se caracterizan por expandir su narrativa a través de diferentes medios (cine, televisión, cómics, libros, etc.) y plataformas (blogs, foros, wikis, redes sociales, etc.). Por ejemplo, la serie 24 de la cadena Fox comenzó siendo un producto televisivo que terminó incluyendo mobisodes, webisodes, videojuegos para consolas y móviles, cómics, novelas, juegos de mesa y una infinidad de sitios web tanto oficiales como de la comunidad de fanes que sigue fielmente la serie. A esta dimensión multimediática de la narrativa se debe agregar otra característica evidenciada por Jenkins: la creación de contenidos a cargo de los prosumidores. Las narrativas transmediáticas comienzan en un estudio de Hollywood o en el despacho de un editor de cómics en Manhattan, pero continúan en un blog escrito por una chica en Helsinki o en una video-parodia colgada en YouTube por un grupo de seguidores brasileños.
Carlos Scolari
Extracto de Lostología: estrategias para entrar y salir de la isla, Editorial Cinema, 2011.
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